sábado, 21 de agosto de 2010

pequeña y estupida autodescripcion

No me sirve enumerar.Tengo serios problemas de calculo.No sirve el verbo servir. Cuando los sentimientos se tornan utilidad y lo material un instrumento para.Me fijo en tonterías que sobredimensiono.Soy esto.

Quiero hablar por gusto no por rutina, por necesidad, por sequedad en la boca.Soy Eli y siempre tengo frío,deposito mis esperanzas en cosas inútiles: en un corazón, en la serotonina, en la dopamina y en la oxitocina, por ejemplo.

Siempre tengo hambre.

Todos en algún momento de nuestra vida tenemos esta hambre insaciable; luego quedamos mordidos e incompletos y llorones. Me imagino que la madurez sera eso, la parquedad, el ya no querer dar mordidas. El no ser mordido. Un día encontras a alguien que ya no tiene hambre y entonces empezas vos a perder el apetito. Probablemente sean una pareja estable y madura y adulta. Qué triste.

hoy solo quiero tener este hambre,reír mucho y desvelarme mucho.Voy a perderme en la ciudad hasta que alguien me encuentre.

Buenos Aires es un reloj. La una, las dos, las tres. Las seis de la tarde y abajo, la gente se mueve como un complicado mecanismo: a las ocho de la mañana la calle se poblará de Borges apócrifos que aplanan la ciudad con sus pies de vejestorios. Las siete y las luces se prenden al unísono. Cucú suena la ambulancia que pasa perseguida por un montón de bocinas, la ciudad es un reloj perfecto que siempre está andando.Estoy arriba y los veo pasar, hechos una manada, un montón de ovejas que cruzan la calle.Y yo,otra,durmiendo sobre tanta gente a mis costados arriba enfrente.Poco a poco viviendo.